Autor: Prof. Dr. Iván Enrique Lezama Cova
Somos UNEM Inglés
Currículo Lattes: Ver perfil académico
Cuando una comunidad educativa atraviesa una emergencia, una de las primeras preocupaciones suele ser cómo garantizar la continuidad de las clases. La pregunta parece lógica: ¿cómo seguimos enseñando?
Sin embargo, quizá antes debamos formular otra:
¿Cómo seguimos enseñando sin ignorar lo que está viviendo la comunidad?
Continuar educando no significa reproducir exactamente la misma planificación, mantener intactos los tiempos, exigir el mismo rendimiento ni actuar como si nada hubiera ocurrido.
La continuidad educativa no debería confundirse con normalidad impuesta.
En tiempos difíciles, el currículo necesita dialogar con la realidad. Necesita respirar, priorizar, reorganizarse y reconocer que enseñar también significa saber cuándo avanzar, cuándo detenerse y cuándo cambiar de camino.
Un currículo flexible no es un currículo débil. Es un currículo capaz de responder con humanidad e inteligencia pedagógica ante situaciones que no estaban previstas.
Cuando la planificación deja de coincidir con la realidad
Familias desplazadas.
Problemas de transporte.
Ausencias prolongadas.
Espacios escolares inhabilitados.
Dificultades emocionales.
Pérdida de materiales.
Cambios en las responsabilidades familiares.
En ese contexto, intentar cumplir la planificación original exactamente como fue concebida puede generar frustración tanto en estudiantes como en docentes.
La planificación debe orientar, pero no puede convertirse en una camisa de fuerza.
La realidad educativa siempre debe tener derecho a entrar al currículo.
Flexibilizar no significa abandonar
Existe una idea equivocada según la cual flexibilizar implica reducir la calidad de la educación.
No necesariamente.
Flexibilizar significa decidir qué es realmente prioritario.
Puede significar disminuir temporalmente la cantidad de actividades.
Puede significar reorganizar contenidos.
Puede significar trabajar de manera interdisciplinaria.
Puede significar sustituir una prueba escrita por una producción más significativa.
Puede significar ampliar plazos.
Puede significar aceptar distintas formas de participación.
Puede significar reconocer que no todas y todos los estudiantes pueden responder de la misma manera en un determinado momento.
La flexibilidad no elimina la intención pedagógica. La vuelve posible.
Priorizar aprendizajes esenciales
En tiempos de emergencia, quizás no sea posible desarrollar todo el currículo con la misma profundidad.
Por eso, una de las tareas pedagógicas más importantes consiste en identificar aprendizajes esenciales.
¿Qué necesitan realmente aprender nuestras y nuestros estudiantes en este momento?
¿Qué contenidos pueden esperar?
¿Qué saberes tienen mayor relación con la vida que están enfrentando?
¿Qué competencias pueden contribuir a comprender mejor la situación?
¿Qué aprendizajes favorecen autonomía, comunicación, convivencia y cuidado?
Priorizar no significa considerar algunos contenidos poco importantes. Significa reconocer que el tiempo, las condiciones y las necesidades cambian.
La selección curricular debe responder a esa nueva realidad.
El currículo como espacio para comprender lo vivido
Una emergencia también puede convertirse en una oportunidad para relacionar el conocimiento escolar con la vida.
No para aprovechar pedagógicamente el dolor, sino para ayudar a comprender la realidad desde distintas áreas del conocimiento.
Las ciencias pueden explicar fenómenos naturales, prevención y gestión del riesgo.
La lengua puede permitir narrar experiencias, analizar información y construir memoria.
La matemática puede trabajar con datos, medidas, estadísticas y representaciones.
El arte puede ofrecer formas de expresión emocional.
La educación ciudadana puede promover solidaridad, responsabilidad y organización comunitaria.
La enseñanza de lenguas extranjeras puede trabajar vocabulario y situaciones comunicativas relacionadas con ayuda, emociones, seguridad, cooperación y acceso a información internacional.
De esta manera, el currículo deja de sentirse distante.
Aprender también puede convertirse en una forma de comprender lo que sucede.
Menos cantidad, mayor sentido
En momentos complejos, llenar al estudiante de tareas puede dar una apariencia de continuidad, pero no necesariamente produce aprendizaje.
A veces, menos actividades permiten mayor profundidad.
Una lectura bien acompañada puede ser más significativa que cinco ejercicios.
Una conversación reflexiva puede aportar más que una extensa guía.
Un proyecto breve puede integrar múltiples aprendizajes.
Una actividad colaborativa puede reconstruir vínculos que una tarea individual no consigue fortalecer.
La pregunta pedagógica no debería ser:
¿Cuánto contenido logramos cubrir?
Sino:
¿Qué aprendizajes lograron construir sentido para nuestras y nuestros estudiantes?
La cantidad no siempre es sinónimo de calidad.
Evaluar también necesita flexibilidad
Si cambia la realidad, también deben revisarse las formas de evaluar.
No tendría mucho sentido flexibilizar contenidos, tiempos y actividades si al final se aplican exactamente los mismos criterios y mecanismos evaluativos previstos antes de la emergencia.
La evaluación puede adoptar diversas formas:
- producciones breves;
- participación en actividades;
- conversaciones pedagógicas;
- proyectos individuales o grupales;
- diarios reflexivos;
- exposiciones;
- portafolios;
- actividades contextualizadas;
- autoevaluación;
- observación del proceso.
Lo importante es que la evaluación permita comprender qué está aprendiendo la o el estudiante, sin convertirse en una carga adicional innecesaria.
La evaluación debe acompañar el proceso, no castigarlo.
Continuidad educativa no significa velocidad
Existe una presión frecuente por recuperar rápidamente el tiempo perdido.
Pero la educación no funciona como una carrera.
Acelerar contenidos no necesariamente recupera aprendizajes.
Incluso puede producir el efecto contrario: estudiantes desbordados, docentes agotados y procesos cada vez más superficiales.
Recuperar aprendizajes requiere tiempo.
Requiere identificar qué se comprendió, qué necesita refuerzo y qué puede trabajarse posteriormente.
La continuidad educativa necesita ritmo, no velocidad.
Y ese ritmo debe construirse según las condiciones reales de cada comunidad.
El derecho a aprender también incluye el derecho a ser comprendido
Cuando hablamos del derecho a la educación, solemos pensar en garantizar acceso, permanencia y aprendizaje.
Pero en contextos difíciles también debemos hablar del derecho a ser comprendido.
Comprender que una estudiante puede estar viviendo una situación familiar compleja.
Comprender que un niño quizás no tenga todos sus materiales.
Comprender que una adolescente puede estar asumiendo responsabilidades adicionales en casa.
Comprender que un docente también atraviesa dificultades.
Comprender que detrás de una ausencia puede existir una historia que no conocemos.
Esa comprensión no significa renunciar a las responsabilidades.
Significa construirlas desde condiciones más humanas.
El papel del docente en un currículo flexible
Flexibilizar el currículo exige confianza en las y los docentes.
No todas las decisiones pueden tomarse desde una oficina distante de la realidad del aula.
Quienes trabajan diariamente con estudiantes conocen sus ritmos, dificultades, fortalezas y necesidades.
Por eso, las y los docentes necesitan margen profesional para adaptar actividades, reorganizar tiempos y proponer estrategias pertinentes.
Pero esa autonomía debe ir acompañada.
Flexibilidad no significa que cada docente deba resolver todo individualmente.
Se necesitan orientaciones institucionales, espacios colectivos de planificación, intercambio de experiencias y decisiones compartidas.
Un currículo flexible funciona mejor cuando la escuela trabaja como equipo.
Evitar la normalidad fingida
Uno de los mayores riesgos después de una emergencia es intentar recuperar inmediatamente la apariencia de normalidad.
Volver al horario.
Volver a las tareas.
Volver a las evaluaciones.
Volver al calendario.
Todo puede parecer nuevamente organizado.
Pero la vida de las personas quizás todavía no lo esté.
La normalidad administrativa puede regresar antes que la tranquilidad emocional.
Por eso, la escuela debe aprender a distinguir entre reorganización y negación.
Reorganizar es necesario.
Fingir que nada ocurrió no lo es.
La verdadera continuidad educativa reconoce la ruptura y construye desde ella.
Algunas decisiones pedagógicas posibles
Cada comunidad necesitará respuestas propias, pero pueden considerarse acciones como:
- priorizar aprendizajes esenciales;
- reducir temporalmente la cantidad de actividades;
- ampliar plazos;
- integrar áreas del conocimiento;
- adaptar estrategias según los recursos disponibles;
- promover proyectos colectivos;
- ofrecer alternativas para quienes no pueden asistir regularmente;
- flexibilizar evaluaciones;
- evitar tareas excesivas;
- incorporar espacios de escucha;
- revisar periódicamente la planificación.
Ninguna de estas medidas debe convertirse automáticamente en receta.
El criterio principal debe ser siempre la realidad concreta de la comunidad.
Preguntas para pensar el currículo en tiempos difíciles
¿Qué aprendizajes son realmente prioritarios en este momento?¿Qué contenidos pueden reorganizarse o desarrollarse posteriormente?
¿Qué actividades están generando aprendizaje y cuáles solo aumentan la carga?
¿Nuestros criterios de evaluación siguen siendo adecuados?
¿Qué estudiantes necesitan otras formas de participación?
¿Cómo podemos integrar la realidad que vive la comunidad al currículo?
¿Qué decisiones pueden tomar directamente las y los docentes?
¿Cómo podemos planificar colectivamente?
¿Estamos confundiendo continuidad educativa con rapidez?
¿Nuestra planificación está cuidando también a quienes enseñan y aprenden?
Reflexión final
Educar en tiempos difíciles exige aprender a convivir con la incertidumbre.
Habrá que priorizar.
Habrá que modificar planes.
Habrá que aceptar que algunas cosas tendrán que esperar.
Pero eso no significa renunciar a la educación.
Significa defenderla de otra manera.
Un currículo flexible reconoce que enseñar es mucho más que cumplir un programa. Es construir oportunidades de aprendizaje en las condiciones reales que tiene una comunidad.
Por eso, después de una emergencia, quizás la pregunta más importante no sea cuánto contenido logramos recuperar, sino cuánto sentido logramos reconstruir.
Desde Somos UNEM Inglés, seguimos defendiendo una educación capaz de escuchar la realidad, cuidar a las personas y adaptar sus prácticas sin perder de vista el derecho a aprender.
Porque continuar educando no significa volver exactamente al punto donde estábamos.
A veces significa aprender juntos una nueva manera de seguir adelante.
Nota editorial
Esta publicación forma parte de la serie “Educación, cuidado y esperanza en tiempos de emergencia”, desarrollada desde Somos UNEM Inglés como espacio de reflexión pedagógica sobre las respuestas educativas ante situaciones no previstas.
La flexibilidad curricular planteada en este texto no significa eliminar propósitos formativos ni disminuir la calidad educativa. Se propone como una estrategia pedagógica para priorizar aprendizajes, ajustar tiempos, diversificar formas de participación y evaluación, y responder de manera más justa a las condiciones concretas de las comunidades educativas.

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