Autor: Prof. Dr. Iván Enrique Lezama Cova
Somos UNEM Inglés
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Cuando el espacio escolar cambia de significado
La palabra como forma de cuidado
Decir “yo también lo sentí” puede disminuir la sensación de aislamiento.
Decir “estamos aquí” puede transmitir presencia.
Decir “no tienes que hablar ahora” también puede ser una forma de cuidado.
Escuchar no es solamente oír
¿Qué puedo flexibilizar?
¿Qué situación requiere atención especializada?
¿Quién está quedando aislado?
¿Qué familias necesitan más acompañamiento?
Recuperar rutinas sin imponer normalidad
Estos pequeños actos ayudan a recuperar cierta previsibilidad.
La memoria también entra al aula
Las emergencias dejan recuerdos. Algunos dolorosos. Otros asociados a solidaridad, ayuda y resistencia comunitaria.
La escuela puede contribuir a construir memoria sin convertir el dolor en espectáculo.
Escribir lo ocurrido, registrar testimonios, elaborar dibujos, conversar sobre aprendizajes comunitarios o crear producciones colectivas puede ayudar a preservar experiencias que posteriormente tendrán valor educativo.
La memoria permite recordar no solo aquello que se perdió, sino también aquello que sostuvo a la comunidad.
Quién ayudó.
Quién abrió una puerta.
Quién compartió alimentos.
Quién acompañó a una familia.
Quién orientó.
Quién cuidó.
Quién permaneció cerca.
Estas experiencias también educan.
Una comunidad que recuerda puede aprender mejor cómo protegerse y cómo responder de manera más solidaria en el futuro.
El aula como espacio de encuentro
La escuela tiene una característica especial: reúne personas diferentes alrededor de una experiencia común de aprendizaje.
En una emergencia, esa capacidad de encuentro puede convertirse en una de sus mayores fortalezas.
El aula puede ser espacio para conversar sobre prevención, solidaridad, convivencia, información responsable y cuidado mutuo.
También puede ser lugar donde se reconstruyan relaciones afectadas por el miedo, el desplazamiento o la interrupción de las rutinas.
Una actividad aparentemente sencilla —escribir un mensaje de apoyo, elaborar un mural colectivo, leer una historia, trabajar en pequeños grupos— puede ayudar a restablecer vínculos.
No todo aprendizaje importante aparece en un libro de texto.
Aprender a escuchar también es aprender.
Aprender a cuidar también es aprender.
Aprender a pedir ayuda también es aprender.
Aprender a trabajar juntos también es aprender.
Todas las áreas pueden contribuir
La reconstrucción no pertenece a una sola asignatura.
Cada área del conocimiento puede aportar desde su propia naturaleza.
Las ciencias pueden ayudar a comprender fenómenos naturales y medidas de prevención.
La lengua puede ofrecer herramientas para narrar, escuchar y construir memoria.
El arte puede permitir expresar aquello que resulta difícil decir con palabras.
La educación física puede ayudar a recuperar movimiento, interacción y confianza corporal.
La matemática puede trabajar con información real de manera contextualizada y responsable.
La enseñanza de lenguas extranjeras puede abrir acceso a vocabulario relacionado con seguridad, solidaridad, emociones, cooperación y comunicación internacional.
El currículo adquiere sentido cuando dialoga con lo que vive la comunidad.
La escuela no puede hacerlo sola
Hablar de la escuela como refugio simbólico no significa cargar sobre ella todas las responsabilidades.
La respuesta ante una emergencia debe ser comunitaria e interinstitucional.
La escuela necesita trabajar junto a familias, servicios de salud, protección civil, organizaciones comunitarias, autoridades educativas y otras redes de apoyo.
También necesita saber cuándo una situación supera sus capacidades.
Hay momentos en los que escuchar es suficiente.
Hay otros en los que es necesario orientar hacia atención especializada.
Reconocer límites también forma parte del cuidado.
Una escuela responsable no pretende saberlo todo. Construye redes.
Reconstruir confianza
Confianza en los espacios.
Confianza en las rutinas.
Confianza en el futuro.
A veces incluso confianza en la posibilidad de sentirse seguro nuevamente.
La escuela puede contribuir a reconstruir esa confianza mediante pequeñas acciones constantes.
Información clara.
Rutinas flexibles.
Presencia adulta confiable.
Espacios de participación.
Escucha sin juicio.
Actividades significativas.
Respeto por los tiempos individuales.
La confianza no se recupera con discursos. Se construye mediante experiencias repetidas de seguridad, respeto y acompañamiento.
Preguntas para nuestras comunidades educativas
- ¿Nuestra escuela ofrece espacios reales de escucha?
- ¿Cómo reconocemos las distintas maneras de expresar miedo, tristeza o incertidumbre?
- ¿Qué rutinas pueden ayudar a recuperar seguridad sin imponer normalidad?
- ¿Cómo podemos utilizar la palabra, la lectura, la escritura y el arte para acompañar?
- ¿Qué experiencias comunitarias merecen conservarse como memoria?
- ¿Qué señales indican que una persona necesita apoyo especializado?
- ¿Cómo podemos involucrar a las familias sin aumentar sus cargas?
- ¿Qué redes institucionales pueden acompañar a la escuela?
- ¿Cómo pueden las distintas áreas del currículo contribuir a la reconstrucción?
- ¿Qué significa para nuestra comunidad sentirse nuevamente segura en la escuela?
Reflexión final
También hay que reconstruir confianza.
Hay que recuperar la palabra.
Hay que respetar silencios.
Hay que volver a encontrarnos.
Hay que aprender a escuchar de otra manera.
Hay que recordar que detrás de cada estudiante y cada docente existe una historia que continúa procesando lo vivido.
La escuela no puede eliminar el dolor. Pero puede impedir que cada persona tenga que atravesarlo sola.
Puede convertirse en lugar de encuentro.
Puede preservar memoria.
Puede ofrecer pequeñas certezas.
Puede ayudar a reconstruir vínculos.
Puede abrir espacio para imaginar nuevamente el futuro.
Desde Somos UNEM Inglés, seguimos apostando por una educación que no separe el aprendizaje de la vida y que comprenda el cuidado como parte esencial de toda práctica pedagógica.
Porque cuando la realidad se rompe, una palabra, una escucha y una comunidad que permanece pueden convertirse en el comienzo de la reconstrucción.

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