G-005LNP3Y3B Edgar Morin: pensar la educación desde la complejidad

Edgar Morin: pensar la educación desde la complejidad

 

Autor: Prof. Dr. Iván Enrique Lezama Cova 
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La partida física de Edgar Morin representa un momento de profunda reflexión para el pensamiento educativo contemporáneo. Su obra, su lucidez y su defensa de una mirada compleja sobre la vida, el conocimiento y la humanidad dejan una huella difícil de reducir a una sola disciplina.

Morin no fue únicamente un filósofo o un sociólogo. Fue un pensador que se atrevió a mirar el mundo sin fragmentarlo, a desconfiar de las respuestas simples y a recordarnos que educar exige comprender la incertidumbre, el error, la diversidad, la condición humana y la responsabilidad ética frente al futuro.

Para quienes trabajamos en educación, su legado no debe quedarse en la cita académica ni en el homenaje formal. Su pensamiento nos invita a revisar nuestras prácticas, nuestras certezas y nuestras formas de enseñar.

En lo personal, Edgar Morin fue una de esas lecturas obligatorias que terminaron convirtiéndose en lectura querida. Su pensamiento me ayudó a comprender que la educación no puede reducirse a contenidos aislados, métodos cerrados o respuestas simples. Leer a Morin es aprender a mirar la realidad educativa como un tejido vivo, lleno de relaciones, incertidumbres, contradicciones y posibilidades. 

La complejidad como forma de mirar la educación

Uno de los grandes aportes de Edgar Morin fue el pensamiento complejo. Esta perspectiva nos recuerda que la realidad no puede comprenderse desde una sola mirada, una sola causa o una sola disciplina.

En educación, esto resulta fundamental. El aprendizaje no depende únicamente del contenido, del método, del currículo o de la evaluación. También intervienen la historia personal de cada estudiante, el contexto social, la cultura, la emoción, el lenguaje, la tecnología, las condiciones materiales, la familia, la comunidad y las posibilidades reales de participación.

Desde esta mirada, enseñar no es aplicar recetas. Enseñar es leer situaciones, interpretar relaciones, tomar decisiones y acompañar procesos humanos en contextos siempre cambiantes.

Educar para enfrentar el error y la incertidumbre

Morin insistió en que la educación debía enseñar a reconocer el error y la ilusión. Esta idea sigue siendo profundamente vigente. En tiempos de redes sociales, inteligencia artificial, sobreinformación y discursos fragmentados, las y los estudiantes necesitan aprender a preguntar, verificar, contrastar y pensar críticamente.

La educación no puede limitarse a transmitir información. Debe ayudar a formar sujetos capaces de distinguir entre información y conocimiento, entre opinión y evidencia, entre repetición y comprensión.

Para las y los docentes, esto implica asumir que también nuestras prácticas deben permanecer abiertas a la revisión. Educar desde la complejidad supone aceptar que no lo sabemos todo, que podemos equivocarnos y que aprender también es corregir el rumbo.

Morin y la formación docente

La obra de Morin tiene una fuerza especial para la formación docente. Nos recuerda que una maestra o un maestro no puede ser reducido a un simple ejecutor de programas. La docencia exige pensamiento, sensibilidad, ética, creatividad y capacidad para vincular saberes.

Formar docentes desde la complejidad significa preparar profesionales capaces de comprender el aula como un tejido de relaciones. No basta con dominar una disciplina; es necesario comprender a las personas, los contextos, los conflictos, las emociones y los desafíos de cada tiempo histórico.

Por eso, el pensamiento de Morin sigue siendo una invitación a superar la fragmentación del conocimiento y a construir una educación más integradora, más humana y más responsable.

Enseñar inglés desde una mirada compleja

En el área de inglés, el legado de Morin también tiene mucho que decirnos. Enseñar una lengua extranjera no es únicamente enseñar vocabulario, estructuras gramaticales o pronunciación. Es abrir una puerta hacia otras formas de comunicación, cultura, identidad, pensamiento y participación en el mundo.

Una clase de inglés, vista desde la complejidad, no puede separarse de las preguntas pedagógicas, sociales y culturales que la atraviesan:

¿Qué inglés enseñamos?
¿Para qué lo enseñamos?
¿Desde qué contexto lo enseñamos?
¿Cómo evitamos que el aprendizaje de una lengua extranjera borre la identidad local?
¿Cómo hacemos del inglés una herramienta para comunicarse, crear, comprender y dialogar críticamente con el mundo?

Estas preguntas muestran que la enseñanza del inglés no es neutra. Implica decisiones metodológicas, culturales, éticas y políticas en el sentido más amplio de la palabra: el de formar ciudadanía, pensamiento y participación.

Pensar la tecnología desde la complejidad

El pensamiento de Morin también nos ayuda a mirar críticamente los cambios tecnológicos actuales. En tiempos de inteligencia artificial, plataformas digitales y automatización, la educación enfrenta nuevos desafíos.

La tecnología puede apoyar la enseñanza, ampliar recursos y crear oportunidades. Pero también puede reproducir desigualdades, acelerar la desinformación, generar dependencia y debilitar el pensamiento propio si se usa sin criterio.

Desde una mirada compleja, no se trata de rechazar la tecnología ni de aceptarla ingenuamente. Se trata de comprenderla, interrogarla, contextualizarla y ponerla al servicio de un proyecto educativo humano, ético e inclusivo.

Una pedagogía para la humanidad

Morin nos deja una enseñanza profunda: la educación debe ayudarnos a comprender la condición humana. Esto significa reconocer que somos seres biológicos, culturales, sociales, afectivos, históricos y planetarios.

Educar, entonces, no es solo preparar para una profesión o una evaluación. Es formar personas capaces de vivir con otros, comprender la diversidad, asumir responsabilidades y participar en la construcción de un mundo más justo.

Esta idea resulta especialmente necesaria en un tiempo marcado por polarizaciones, crisis ambientales, guerras, desigualdades, migraciones, tecnologías disruptivas y pérdida de sentido comunitario.

Frente a ese escenario, la educación necesita recuperar su dimensión humanizadora.

Preguntas para nuestras prácticas docentes

A propósito del legado de Edgar Morin, vale la pena preguntarnos:

  1. ¿Estamos enseñando contenidos aislados o ayudando a comprender relaciones?

  2. ¿Nuestras clases favorecen el pensamiento crítico o solo la repetición?

  3. ¿Enseñamos a convivir con la incertidumbre o solo buscamos respuestas únicas?

  4. ¿Integramos saberes, contextos y experiencias en nuestras prácticas?

  5. ¿Cómo ayudamos a nuestras y nuestros estudiantes a reconocer el error y aprender de él?

  6. ¿Qué lugar ocupa la ética en nuestras decisiones pedagógicas?

  7. ¿Cómo podemos enseñar inglés sin fragmentar lengua, cultura, identidad y pensamiento?

  8. ¿Estamos usando la tecnología para humanizar la educación o para automatizarla?

Reflexión final

La muerte de Edgar Morin no cierra su pensamiento. Al contrario, nos invita a volver a él con más necesidad que nunca.

En un mundo acelerado, incierto y profundamente interconectado, su obra nos recuerda que educar es enseñar a pensar, a relacionar, a comprender y a cuidar la vida.

Desde Somos UNEM Inglés, rendimos homenaje a Edgar Morin reconociendo la vigencia de su pensamiento para la formación docente, la enseñanza del inglés, la investigación educativa y la construcción de una pedagogía más humana, crítica y compleja.

Morin nos deja una tarea: no simplificar el mundo, no fragmentar el conocimiento y no renunciar a la esperanza de una educación capaz de comprender y transformar la realidad.

Referencias sugeridas

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.

Morin, E. (2001). Seven complex lessons in education for the future. UNESCO.

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