IA¿amenaza o aliada?

 
Autor: Prof. Dr. Iván Enrique Lezama Cova 
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La pregunta que inquieta a muchas y muchos docentes

La pregunta ya está en muchas salas de profesores, grupos de WhatsApp, espacios de formación y conversaciones pedagógicas: ¿la inteligencia artificial reemplazará al docente de inglés?

La respuesta más honesta no es un sí ni un no absoluto.

La inteligencia artificial puede reemplazar algunas tareas mecánicas, acelerar la producción de materiales, apoyar la planificación, generar ejercicios, adaptar textos, proponer diálogos y ofrecer ideas para actividades. Pero no puede sustituir la mirada pedagógica, la sensibilidad humana, la lectura del contexto, la ética del cuidado ni la capacidad de acompañar procesos reales de aprendizaje.

El problema no es que la inteligencia artificial exista. El verdadero reto es decidir cómo, para qué y desde qué proyecto educativo vamos a usarla.

Lo que la inteligencia artificial sí puede hacer

En la enseñanza del inglés, la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil cuando se usa con criterio pedagógico. Puede ayudar a las y los docentes a crear materiales, adaptar lecturas, generar preguntas de comprensión, elaborar rúbricas, diseñar diálogos, preparar actividades comunicativas y ofrecer ejemplos variados de uso del idioma.

También puede apoyar la práctica de vocabulario, escritura, pronunciación, lectura y comprensión auditiva, siempre que el docente revise, contextualice y adapte los resultados.

Por ejemplo, una herramienta de IA puede ayudar a generar un diálogo sobre una situación cotidiana, como pedir información, presentarse, describir una rutina o participar en una entrevista. Sin embargo, corresponde a la o el docente decidir si ese diálogo es adecuado para el nivel del grupo, si respeta el contexto cultural, si favorece la comunicación y si realmente responde a los objetivos de aprendizaje.

La IA puede producir respuestas rápidas. Pero rapidez no siempre significa profundidad, pertinencia o calidad pedagógica.

Lo que la inteligencia artificial no puede reemplazar

La IA no conoce el rostro de nuestras y nuestros estudiantes. No sabe quién llega cansado al aula, quién tiene miedo de hablar, quién necesita una palabra de ánimo, quién aprende mejor escuchando, quién necesita más tiempo o quién está atravesando dificultades fuera de la escuela.

Tampoco comprende por sí sola la historia de una comunidad, las condiciones reales de conectividad, las limitaciones materiales, las tensiones culturales, las necesidades locales ni los sueños colectivos que atraviesan la práctica docente.

La enseñanza del inglés no es solo transmisión de contenidos. Es acompañamiento, escucha, mediación, creación de confianza y construcción de sentido. Una herramienta puede generar una actividad, pero no puede mirar a un grupo y decidir, desde la experiencia humana, qué necesita ese grupo en ese momento.

Por eso, la IA puede apoyar la docencia, pero no reemplazar el oficio docente cuando este se ejerce con pensamiento crítico, sensibilidad pedagógica y compromiso ético.

El riesgo de usar tecnología sin pensamiento crítico

Uno de los mayores riesgos no es que la inteligencia artificial reemplace al docente, sino que algunas prácticas docentes se vuelvan tan mecánicas que parezcan reemplazables.

Si una clase de inglés se reduce a copiar listas de vocabulario, completar ejercicios aislados, repetir estructuras sin contexto o traducir frases sin propósito comunicativo, la tecnología puede imitar fácilmente parte de ese trabajo.

Pero si la clase promueve diálogo, pensamiento crítico, interacción, creatividad, identidad cultural, resolución de problemas, lectura del mundo y uso significativo del idioma, entonces el papel docente se vuelve más importante que nunca.

La pregunta, entonces, no debería ser solamente:

¿La IA reemplazará al docente?

Quizás la pregunta más profunda sea:

¿Qué tipo de práctica docente puede ser reemplazada y qué tipo de práctica docente debemos fortalecer?

El docente de inglés como mediador humano y cultural

La o el docente de inglés no es un simple transmisor de reglas gramaticales. Es una mediadora o un mediador entre lenguas, culturas, saberes, identidades y formas de participación en el mundo.

En un contexto digital, ese papel se amplía. La o el docente debe ayudar a sus estudiantes a usar el inglés para comunicarse, pero también para comprender mensajes, interpretar discursos, evaluar fuentes, reconocer sesgos, crear contenidos y participar críticamente en la cultura digital.

El inglés tiene una presencia importante en la ciencia, la tecnología, la cultura digital, la investigación y muchas plataformas globales. Por eso, enseñarlo desde una perspectiva crítica puede abrir puertas de acceso al conocimiento. Pero ese acceso no debe implicar subordinación cultural ni pérdida de identidad.

Una pedagogía emancipadora no enseña inglés para borrar la voz propia, sino para ampliarla, proyectarla y ponerla en diálogo con otras voces del mundo.

La IA como aliada, no como piloto automático

La inteligencia artificial puede ser una aliada cuando ayuda a pensar mejor, crear mejores materiales y atender necesidades diversas. Pero se vuelve peligrosa cuando se usa como piloto automático.

Usar IA de manera pedagógica implica revisar, corregir, adaptar, verificar y contextualizar. También implica enseñar a las y los estudiantes que no toda respuesta generada por una máquina es verdadera, neutral o suficiente.

La IA puede sugerir. La o el docente decide.

La IA puede organizar información. La o el docente interpreta.

La IA puede generar ejemplos. La o el docente contextualiza.

La IA puede acelerar tareas. La o el docente humaniza el proceso.

La clave está en no confundir asistencia con sustitución.

¿Qué docentes serán más necesarios en la era de la IA?

En la era de la inteligencia artificial serán cada vez más necesarios los docentes capaces de hacer preguntas profundas, diseñar experiencias significativas, orientar éticamente el uso de la tecnología y acompañar procesos humanos de aprendizaje.

Serán necesarios docentes que no se limiten a repetir contenidos, sino que ayuden a sus estudiantes a pensar, argumentar, crear, dialogar, verificar y comunicar.

Serán necesarios docentes que comprendan que enseñar inglés no es solo preparar para aprobar una evaluación, sino formar sujetos capaces de participar en un mundo interconectado, desigual, digital y multicultural.

En ese sentido, la IA no debería empujarnos al miedo, sino a la formación. No debería paralizarnos, sino invitarnos a revisar nuestras prácticas. No debería hacernos renunciar al oficio docente, sino recordarnos que aquello que nos hace verdaderamente educadores no puede ser automatizado.

Preguntas para el debate pedagógico

Para abrir la reflexión en nuestros colectivos docentes, proponemos algunas preguntas:

  1. ¿Estoy usando la IA para enriquecer el aprendizaje o solo para acelerar tareas tradicionales?
  2. ¿Qué actividades de mi clase podrían ser mejoradas con apoyo tecnológico?
  3. ¿Qué aspectos de mi práctica docente nunca deberían ser delegados a una máquina?
  4. ¿Cómo enseño a mis estudiantes a verificar información generada por IA?
  5. ¿La tecnología que uso favorece la inclusión o aumenta la brecha digital?
  6. ¿Cómo puede la IA ayudarme a diseñar clases de inglés más comunicativas?
  7. ¿Qué riesgos éticos debo considerar al usar herramientas digitales?
  8. ¿Cómo puedo mantener la identidad local y cultural al enseñar inglés en un mundo digital?
  9. ¿Qué competencias necesito desarrollar como docente en esta nueva etapa?
  10. ¿Estoy formando estudiantes consumidores de respuestas o sujetos capaces de pensar críticamente?

Reflexión final

La inteligencia artificial no reemplazará al buen docente de inglés. Pero sí puede poner en evidencia prácticas pedagógicas débiles, repetitivas o descontextualizadas.

Por eso, el desafío no es defender la docencia desde el miedo, sino fortalecerla desde la formación, la ética y el pensamiento crítico.

La IA puede escribir un texto, sugerir una actividad o generar una lista de ejercicios. Pero no puede construir vínculo pedagógico, leer la realidad del aula, comprender la historia de una comunidad ni sostener una mirada humanizadora de la educación.

El futuro de la enseñanza del inglés no dependerá de elegir entre tecnología o humanidad. Dependerá de formar docentes capaces de usar la tecnología sin renunciar a la humanidad.

Desde Somos UNEM Inglés, invitamos a las y los docentes a asumir este debate con serenidad, criterio y compromiso. La pregunta no es si la inteligencia artificial llegó para quedarse. La pregunta es qué tipo de educación construiremos con ella, frente a ella y más allá de ella.

Referencias

UNESCO. (2023). Guidance for generative AI in education and research.

UNESCO. (2024). AI competency framework for teachers.

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